Cómo llegó la sanación energética a mi vida
- 18 ago 2025
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Actualizado: 21 ago 2025
Todo comenzó en 2011, en Caviahue, un pueblo místico de apenas 600 habitantes en la Patagonia argentina. Llegué allí por la nieve, pero me quedé por su magia: un volcán activo, bosques de araucarias milenarias, cascadas, un lago sulfuroso, montañas cubiertas de blanco y gaviotas sobrevolando aquel paisaje que parecía pintado por Dalí.
Ese año trabajaba como monitora de ski, pero la temporada se interrumpió por falta de nieve. Fue entonces cuando una amiga me habló de Caviahue, y decidí ir solo por un mes… terminé quedándome un año entero. En verano comencé a trabajar en las Termas de Copahue, un lugar ancestral utilizado por los pueblos mapuches, con aguas mineromedicinales, algas y vapores que brotan del corazón del volcán. Allí, en medio del silencio interrumpido únicamente por el viento, atendía a los visitantes que llegaban en busca de sanación física y renovación espiritual.
Fue en ese escenario idílico donde conocí a Laura, una masajista y reikista que, al escuchar mi curiosidad por el mundo energético, me ofreció mis primeras sesiones de Reiki. Unos meses después me presentó a su maestro, quien —casi como un regalo del destino— me enseñó Reiki nivel I durante una semana completa. Desde las primeras prácticas, una risa incontrolable brotaba de mí. Más tarde comprendería que esa era mi manera de liberar energía estancada. Así comenzó mi camino de autosanación.
Ese mismo año, un amigo de Caviahue me introdujo al Breathwork, mostrándome el poder de la respiración para alcanzar estados expandidos de conciencia. El 2011 fue, sin duda, un año fundacional: el inicio de mi transformación espiritual.
En 2012 regresé a Mendoza, a una vida más “normal”, con trabajo de oficina. Pero una vez que el viaje de sanación comienza, ya no hay vuelta atrás. Me formé con la gran actriz y maestra Nora Fernández, quien con su método Despertando desde el cuerpo —una integración de actuación, meditación y constelaciones familiares— me guió hacia lo más profundo de mis heridas y me abrió a nuevas formas de percibir la luz, los colores y la vida.
En paralelo, cultivaba mi veta artística: estudiaba comedia musical, tomaba clases de canto y grabé mi primer disco. Equilibraba las horas de oficina con la sanación y el arte, comprendiendo que todo estaba conectado.
El Reiki y las prácticas energéticas me acompañaron siempre, primero como herramienta de autosanación y después como servicio a otros. Una experiencia inolvidable fue en 2014, en Suiza. Sufrí una fractura de muñeca mientras patinaba sobre hielo. Los médicos diagnosticaron dos meses de reposo, pero tras una semana de auto-Reiki, una radiografía en Madrid mostró el hueso ya reparado. El médico no podía explicarlo, pero yo sí: la energía había hecho su trabajo.
El camino regresó con fuerza en 2020, durante la pandemia, cuando la soledad en Barcelona me llevó a profundizar en yoga, meditación y lecturas sobre el origen del universo. La práctica diaria se convirtió en refugio, en puente hacia mi ser interior y en recordatorio de que el verdadero templo está dentro.
En 2023, nuevas puertas se abrieron: el Kundalini Innerdance llegó a mi vida a través de un curso con Víctor Reyes y Laia Giménez, marcando un antes y un después. Ese mismo año me formé en LNT® – La Nueva Terapia, una poderosa técnica de sanación cuántica. Comencé a dar terapias online y presenciales, y también a facilitar sesiones grupales de Kundalini Innerdance en Tenerife, con resultados que me llenaron de gratitud. Ese fue el momento en que sentí con claridad mi propósito: sanar y ponerme al servicio de los demás.
La alegría de ver a las personas transformarse, de escuchar su respiración más ligera o ver sus sonrisas al terminar una sesión, es lo que más nutre mi alma.
En 2025 decidí dar el salto definitivo: dejé mi trabajo en marketing para dedicarme por completo a la sanación energética. Desde entonces, he seguido ampliando mis conocimientos en Sound Healing, integrando el canto, los mantras y el lenguaje de la luz en mis terapias. La música, que siempre fue mi forma más auténtica de expresión, se ha convertido en una herramienta sagrada para elevar la vibración y abrir caminos de sanación.
Miro hacia atrás y entiendo que cada paso, incluso aquellos que parecían alejarme de este sendero, en realidad me estaban preparando. El Reiki, el arte, los viajes, la música, los aprendizajes… todo estaba conectado. El universo me guió hasta aquí.
Hoy sé que la sanación energética no “llegó” a mi vida por casualidad. Siempre estuvo en mí, esperando el momento perfecto para despertar.


















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